Un Cáncer llamado Miedo

La segunda vez que le dijeron a mi madre que el cáncer había vuelto no nos lo creíamos, era una pesadilla de mal gusto. La noticia nos llegó como un jarro de agua fría. Del cáncer de pecho se suponía que una célula quedó dormida y acababa de despertarse.

¿Están de broma, no?

Ese bulto en el cuello… ¿De dónde habría salido con lo bien que parecía encontrarse ella? Era cáncer linfático.

En esos momentos, cuando parece que el mundo se nos cae a los pies es cuando nos empezamos a aferrar a todo lo que pensamos nos puede ayudar. Rezamos, analizamos la situación una y otra vez…la volvemos a analizar…

Los doctores le dieron la noticia de que tendría que recibir quimioterapia y radioterapia de manera agresiva. Al cabo de dos sesiones, una parada respiratoria le mandó el claro mensaje de que su cuerpo ya no aguantaba más. Cada sesión era como envenenarla…y ahora, los médicos le dieron otro nuevo mensaje: lo que pensamos que te iba a curar, te está matando.

Recuerdo un día que acompañé a mi madre a una de sus curas. Las quemaduras le nacían desde dentro. Su aspecto físico era totalmente distinto y solo se podía ver sufrimiento en ella, sufrimiento y derrota. Más que rendirse, había aceptado que lo que tuviese que ocurrir acabaría por ocurrir de todos modos, por lo que dejó de resistirse o quejarse ante el dolor y abrazó la idea de aceptar la situación…

Recuerdo que pensé: este es mi mayor miedo. ¿ Cómo podemos terminar así? ¡Esta no es mi madre! mi madre es mucho más que ese cuerpo que está en la camilla sufriendo por conseguir respirar normalmente.

¿Por qué ocurren estas cosas?

Era como dejar el mundo atrás. ¿ Por qué en aquellos momentos me asustaba tanto el no comprender lo que era la muerte? Estaba aterrada.

Los días posteriores mi madre y yo hablábamos de la situación,… ¿y si la muerte no fuese el final como creemos? La muerte es un gran misterio… El tema de la muerte merece una gran mención, al igual que la vida… pero ya dejaremos eso para otro blog…

Una vez su cuerpo rechazó por completo la quimioterapia, siguieron con la radio. En unas semanas mi madre no solo había mejorado de aspecto, sino que parecía sentirse mejor. Su recuperación parecía obra de un milagro y poco a poco ese milagro se estaba haciendo realidad.

Ahora las preguntas eran diferentes:
¿Cómo era posible que el cuerpo pudiese sanarse de esa manera tan increíble?
¿Qué le había hecho a mi madre recuperarse de este modo?

A veces algunas respuestas no son necesarias, a veces tan solo el preguntarse algo es suficiente para conectar con tu corazón y sentir la claridad sin necesidad alguna de volvernos locos por encontrar “la respuesta correcta a algo que quizá tenga muchas respuestas distintas”.

Creo que cada uno de nosotros ha de pensar libremente en lo que significan la vida y la muerte. A veces ocurren cosas que no podemos o no sabemos explicar y no por ello dejamos de sentir que existen, que están ahí…

El caso es que no sabemos lo fuertes que podemos llegar a ser hasta que nos encontramos en una situación que nos lo demuestra, pero tanto si nos vamos, como si nos quedamos más tiempo, lo cierto es que muchas veces el miedo a la muerte nos hace tener miedo a la vida… Sea cual sea el tiempo que nos quede en el plano físico, cada nuevo día que despertamos es un milagro del que yo estoy eternamente agradecida.

A todas las personas que se encuentran en una situación complicada y sienten miedo, por su valor, coraje y ganas de vivir. Igualmente a los familiares que se quedan, por mirar hacia delante y recordar que pase lo que pase, nuestro corazón jamás dejará ir el amor tan grande que siempre sentiremos.

Con amor, de mi corazón al vuestro.
Nat

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