NO VES TODO LO QUE SOY, NI SOY TODO LO QUE VES… CARTA A NATALIA SANCHIDRIÁN.

Hay que SER MUY VALIENTE para abrirse al Mundo, SÍ, y lo digo con letras mayúsculas. Por que tendemos a juzgar… sin ver más allá de nuestras propias narices, o mejor dicho, de nuestras propias creencias. Esta carta, a continuación, me ha llegado directamente al corazón, es de una persona con la que he trabajado en mi Programa (La Regla de Tres) y no solo estoy orgullosa de ella, sino que me honra al querer que la publique dejando atrás la idea de recibir cualquier posible opinión externa y gratuita de aquellas personas que inconscientemente siguen pensando “que nuestra vulnerabilidad y apoyarse en alguien o algo, nos hace más débiles», cuando es justamente lo contrario.
GRACIAS POR COMPARTIR TU EXPERIENCIA CON EL MUNDO, Ángeles Fernández.

«He aprendido que los prejuicios y las malas experiencias, hacen que nos perdamos personas y momentos increíbles, si me hubiera dejado llevar por mi experiencia con los libros de autoayuda nunca hubiera llegado hasta aquí, porque nunca habría abierto tu libro. Gracias a que sí leí el libro, he conocido a una persona excepcional y tengo una vida mucho más equilibrada. Porque he aprendido que no hay que dejarse atrapar por el dolor y los malos recuerdos, he aprendido cual es el valor del perdón para conseguir la sanación y que el amor por uno mismo tiene que ser el primero para poder amar a los demás.

Cuando te conocí me pareciste una persona interesante, la manera que tenías de hablar, de moverte y de expresarte, desbordabas vitalidad, tanta que casi resultaba ofensiva. Ofensiva porque no es habitual y no está bien visto en esta sociedad el ser tan positivo y tener una actitud tan abierta hacia los demás, mucho menos después de haber pasado por situaciones tan traumáticas como las que habías sufrido tu y que no mostrabas ningún pudor en contar de una manera natural, sin ningún drama.

Todo esto resultaba extraordinario y único, pero yo no lo supe ver en ese momento de esa manera, mis creencias me impulsaban a pensar que era una pose, un papel estudiado y ensayado. ¿Cómo puede ser que una persona se exponga de esa manera delante de tantos extraños? ¿No se da cuenta de que pueden lastimarla? ¿Que con esta postura es totalmente vulnerable?.

Más tarde, y precisamente gracias a tu ayuda, me daría cuenta de que era todo lo contrario, esa naturalidad, esa actitud, es lo que la hace fuerte e inmune a los prejuicios y maledicencias de esta sociedad.

Cuando llegué a mi casa con tu libro lo dejé a un lado porque pensé que seria un libro más, como digo en aquel momento no era consciente de la persona que acababa de conocer. Al cabo de unos días comencé a leerlo. Las primeras páginas no me dijeron mucho, pero seguí leyendo, y entonces, de pronto sentí que me hablabas a mi, que las situaciones y sentimientos que describías eran las mías (pese a que tu historia no tiene nada que ver conmigo), lo que sentí fue una gran conexión, todo aquello me resultaba muy familiar. Terminé de leer el libro e inmediatamente me puse en contacto contigo para hablarte de la influencia que había tenido en mí tu libro y para darte las gracias por su valiosa ayuda.

Cuando me ofreciste la oportunidad de trabajar contigo, no lo dudé un momento, sabía que iba a funcionar. No era consciente de todos los miedos y limitaciones que había ido adquiriendo a lo largo de los años, gracias a tu programa, y sobre todo a tu acompañamiento, conseguí identificar esas creencias y miedos que me limitaban en el día a día. Descubrí una manera amable de elaborar y cerrar situaciones del pasado que me influían de forma muy negativa en el presente. Hoy soy una persona más segura y más equilibrada gracias a ti, porque me has dado las armas necesarias para no dejarme vencer por las adversidades y me has hecho ver la fuerza que hay en mi. Gracias, de corazón.»

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