LA AVIACIÓN: UN VIAJE INOLVIDABLE EN CADA MOMENTO

La primera vez que me subí a un avión tenía menos de 5 años. Recuerdo que no dejaba de observar a las auxiliares de vuelo con esos uniformes y sin dejar de sonreír todo el tiempo.

Sentada en mi asiento, casi asustada por la novedad y abrumada por la experiencia, veía pasar a estas señoritas con su eterna sonrisa, paseando de un lado para otro por el avión libremente. Mi madre me explicó que ellas viajaban por todo el mundo en esos aviones, que se encargaban de nuestra seguridad y que además nos hacían el viaje más agradable.

Ya por aquel entonces la curiosidad brillaba en mí, así que después de ver a esas señoritas sonriendo sin parar, y acribillar a mi madre con mil preguntas como: ¿qué es un pasajero?, ¿cómo vuela el avión? ¿si en el baño tiro de la cadena, a dónde cae…? y preguntas de ese tipo, decidí formar mi propia creencia siendo una niña acerca de las auxiliares de vuelo:

“El ser azafata te hacía ser feliz, te transformaba en una especie de súper héroe protegiendo a las personas y además, viajabas por el mundo libremente”

Con tan solo 5 años no sabía bien lo que era un trabajo, pero de mayor ¡quería ser AZAFATA de avión! Y, como no entendía de aviones, pues ¡cualquier avión me valía!

No paraba de hacer aviones de papel y le pedía a mi hermano, a quien le encantaba el aeromodelismo, que me ayudase… Y, aunque los suyos eran mejores y hasta llevaban motor, yo tenía una flota mucho más grande. Además, según mi percepción, los míos volaban más alto, ya que hasta que llegaban al suelo desde la terraza del cuarto piso donde vivíamos, parecían hasta tener tiempo de entrar en barrena para, MILAGROSAMENTE, encontrármelos en el suelo casi en el mismo estado que antes de despegar: ¡UNA PASADA!

Durante muchos años vivimos en Torrejón de Ardoz, así pues, cada día, veía aviones sobrevolar mi terraza y me imaginaba qué destino tendrían, la gente que iría en ellos…etc. No importaba el hecho de que esos aviones fuesen los F16 militares o cualquier otro, yo veía un avión y directamente me imaginaba siendo azafata, con uno de esos imponentes uniformes.

La magia duró bastante tiempo, hasta que me confirmaron que en este tipo de aviones solo iban dos pilotos en prácticas, preparándose para alguna posible guerra… Eso ya no me gustó tanto, y, por un tiempo, no solo me olvidé de la magia de ser azafata de vuelo, sino que cada vez que sentía el ruido de un avión acercarse, el miedo se apoderaba de mí.

Efectivamente, mi percepción había cambiado, y con ella mis emociones.

Gracias al paso del tiempo y a mi siguiente vuelo, con unos 20 años, pude reencontrarme con mi sueño de nuevo.

Madrid- Tenerife, un vuelo bastante corto pero suficiente para estar sin dormir los tres días anteriores, ¡estaba emocionada!

¿Quién iba a decirme aquel día, que ese vuelo jugaría un papel fundamental en mi vida?

Estaba tan nerviosa con la idea de volver a volar que no dejaba de observarlo todo a mi alrededor. Cuando la azafata me ofreció el zumo de tomate me lo derramé encima de los vaqueros. ¡Me quería morir! Pero, para mi sorpresa, después del servicio la azafata me ofreció una toallita e invitó a ir a lavarme al baño. Llegando al baño delantero, vi que la puerta de la cabina estaba abierta y que un piloto salía en ese momento, y… mi curiosidad me hizo intentar meter la cabeza…

Pasa, pasa…dijo un piloto. Entre mis nervios, y el piloto que no pudo evitar mirar mi colosal mancha de zumo de tomate, me quedé muda (para los que no me conocen, hablo hasta debajo del agua).

¿Qué te ha pasado? Me preguntó un piloto.
Nada, respondí yo.

¿Cómo que nada?
Ha sido un accidente…dije yo tímidamente (todavía en shock por lo del zumo de tomate).

Bueno, ¿cómo te llamas?
Natalia.

Y, dime Natalia, ¿has estado alguna vez en la cabina de un avión?
No, nunca… respondí.

Y ¿qué te parece? Me preguntaron.
Me encanta, ¡qué de luces hay! pero es muy pequeña, ¿no?
Respondí.

¡Los pilotos se echaron a reír!
Bueno, ¡tampoco pretendemos dar una fiesta aquí dentro! jajaja. Y se estuvieron riendo un buen rato.
Imagino. Respondí.

Aterrizaremos en breve, si quieres puedes aterrizar con nosotros.
¿En serio? ¡Me encantaría! Respondí.

Literalmente estaba volando entre las nubes, mi gran sueño. Y es que, la visión que se tiene desde un avión para alguien a quién le gusta la aventura, como yo, es increíble. Mis ojos abiertos como platos y mi sonrisa de oreja a oreja, les hizo entender rápidamente lo feliz que me hacía estar allí. Y ni corta ni perezosa solté una perla por la boca de esas que a veces soltamos sin pensar: ! yo voy a ser azafata de vuelo…!

¿En serio? ¿para qué compañía? Me preguntaron…
Todavía no lo sé, pero estoy segura de que algún día seré azafata de vuelo.

Y así fue…
Pasados unos años, a través de una amiga, me llegó la gran oportunidad. Envíe mi CV a una compañía llamada Air Plus Comet y tuve la gran suerte de ser seleccionada para una entrevista.

¡Estuve una semana pensando en qué ponerme! Volar era uno de mis sueños y parecía estar cada vez más cerca. Sabía que podría conseguirlo, y ¡vaya si lo conseguí!

Fue una de las mejores experiencias de mi vida y me brindó la oportunidad de descubrir mi pasión por viajar y conocer distintas culturas. Aunque la compañía hoy ya no exista, me quedo con las maravillosas experiencias vividas y con todos los compañeros y compañeras que tanto aportaron de una manera u otra en mi vida y en este viaje tan especial.

Todavía conservo mi primera “Carta de Felicitación” como un buen recuerdo:

Descubrir la AVIACIÓN para mí fue como dar un gran salto al mundo exterior. La magia de despertarte en un país y al día siguiente estar en otro, los distintos colores, sabores y olores que definen un continente…El trato con la gente de diversos países compartiendo experiencias de la vida… todo eso para mí es mágico.

Además GRACIAS a este maravilloso trabajo, tuve la gran suerte de rodearme de gente encantadora en el mundo de la aviación y que han contribuido de manera importante en mi vida:

  • A Michel Rod, por ofrecerme la oportunidad de reanudar mi viaje en la aviación con Privat Air.
  • A Peter Waters de Privat Air, por ofrecerme la oportunidad de poder compaginar la aviación con mi otra pasión, trabajar con personas gestionando emociones y creencias.
  • Mi gran amigo Jose Manuel Álvarez, presidente de la compañía aérea Privilege Style y bróker aéreo EmptyLeg, un claro ejemplo de cómo nuestra actitud y pasión pueden hacer realidad nuestros sueños.
  • Y por último a Emy Barrón, jefa de auxiliares en Air Plus y Air Comet. Jamás en mi vida olvidaré la confianza que depositaste en mí. Fue mi primer gran paso!

Todas y cada una de mis experiencias en la vida han hecho que hoy sea la persona que soy, y, para mí, la aviación ha sido y sigue siendo un gran canal para poder apreciar y compartir asombrosas costumbres, además de poder trabajar con personas de todo el mundo. Por esto y por todas las emociones que he podido vivir gracias a ella,  le puse el título a mi libro que, a corazón abierto, me decidí finalmente a publicar.

El título de VOLANDO ALTO está dedicado a toda la gente que ha hecho que este maravilloso viaje haya sido tan emocionante. A todas/os vosotras/os, por compartir esta aventura conmigo, ¡gracias compañeras y compañeros!

De mi corazón al vuestro,

TCP/CCM SANCHIDRIÁN

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