HACIENDO LAS PACES CON PINOCHO.

Seamos honestos, mentimos constantemente. Esta es una realidad inherente al ser humano. No se trata de hacer un juicio moral, sino de descubrir qué nos empuja a ello, y, lo más importante, cómo nos protegemos a nosotros mismos de esas mentiras.

He encontrado fascinante este artículo dedicado a la mentira y me gustaría poder compartirlo con vosotros. Recogido del libro que se detalla a continuación, lo recomiendo para aquellas personas que mienten y quieren entender muchas de sus razones.

Dan Ariely

Editorial Ariel

260 páginas. 19.90 €

T.o.: The (honest) truth about dishonesty.

Traducción: Joan Soler Chic

El psicólogo Dan Ariely una vez más nos trae un libro muy interesante para entender las conductas humanas. El creador de “Las Trampas del deseo” y “Las ventajas del deseo” incursiona ahora en los misterios de la mentira, analiza los comportamientos “deshonestos”, las trampas, las motivaciones de esos comportamientos, así como los límites que les damos.

Durante diez capítulos, y sobre la base de experimentos minuciosos y precisos, el autor busca encontrar respuestas a preguntas tales como, ¿siempre somos deshonestos? ¿Tiene algo que ver si actuamos individualmente o en forma grupal? ¿El engaño es el resultado de una evaluación racional de las ventajas e inconvenientes de un comportamiento deshonesto? ¿Establecemos nosotros el límite del engaño? Ante estos interrogantes, Ariely junto a un grupo de colaboradores intenta ser lo más objetivo posible y contrastar datos para llegar a una conclusión.

Robert Filman, psicólogo de la Universidad de Massachusetts afirma “Descubrimos que en cuanto la gente siente que su autoestima está amenazada, comienzan a mentir a un nivel mayor”, es decir la mentira asociada a una necesidad de situarse en un nivel  de igualdad o de superación ante los otros. Es tan complejo el mundo que habita en la mente de los seres humanos que, a menudo, son incapaces de discernir la realidad de la ficción, por lo que al mentir, en muchos casos, no se siente como si estuviera engañando, sobre todo si existe un conflicto de intereses. El autoengaño, como dice Ariely, es una estrategia útil para creernos las historias que contamos, y si tenemos éxito, será menos probable que vacilemos e indiquemos sin querer que somos muy distintos de lo que pretendemos ser.

Uno de los tópicos que demuestra es que, teniendo en cuenta códigos de conducta, ya sea moral o religioso, tendemos a ser más propensos a no mentir, es como una barrera que ejerce una fuerza de contención y límite mayor.  Acaso el descubrimiento más sobresaliente tenga que ver con el explicar que cuanto más alejados estamos de los billetes o monedas, es decir de la forma material del dinero, solemos actuar con mayor honestidad.

En otra de sus conclusiones nos detalla con asombro que las personas creativas son las más proclives a caer en la deshonestidad, llegando incluso a creer ellas mismas en su inocencia, pero que ante el mismo engaño hecho por otra persona, no dudan en mostrarse contrariados y no cesan en tildar a esa persona como poco fiable.

La respuesta final que nos deja el libro entre tantas ante la pregunta del título es que mentimos porque funciona, y porque en la mayoría de las veces no sentimos culpa. Buscamos destacarnos entre iguales, sobresalir y para ello la mentira resulta un talento a mano para lograrlo. Sigmund Freud señaló, «Ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios guardan silencio, habla con sus dedos; la traición es exhalada por cada uno de sus poros». Secretos, omisiones, engaños, disimulos, todos entran en la característica humana de conseguir un mejor nivel de vida y consideración entre sus congéneres, en base a un nivel de tolerancia que fija la propia persona. La mentir burda, la inocente, la maliciosa, nacen en la temprana edad, ya que los primeros que nos mienten son justamente nuestros padres. En ese tiempo de nuevas sensaciones, nos vemos casi obligados a engañar usando pretextos y justificaciones que, si no nos descubren, serán perfectas para ese cometido. Y si lo vemos en otra persona a la que le sale bien la mentira, funciona como efecto contagio, es una infección propagada por simple observación. Un proceso lento que va creciendo a medida que nosotros crecemos, un debilitamiento de la moral y el nivel de tolerancia de nuestra honestidad.

En definitiva, un libro que aporta a la búsqueda del entendimiento de este comportamiento humano, teniendo como eje un sinnúmero de experimentaciones a lo largo de muchos años; un libro para conocernos y vernos en el espejo que más nos duele, cuando quedamos desnudos ante una situación en la que usamos como herramienta el engaño.

No engañarse a uno mismo es una de las recomendaciones básicas. Al debatirnos entre nuestra tendencia natural a mentir y la necesidad de pensar que somos buenas y honestas personas, tendemos a justificarnos contándonos historias que convierten nuestras acciones en aceptables o, a veces, incluso admirables.

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